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sábado, 15 de noviembre de 2014

Amanecer






















Amanecer



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Tranquila la mañana se acerca hasta la vega,
dejando en el rocío sus perlas de esperanza
por lluvias que se fueron y pronto volverán.

Sonríen los jardines de cuánto cuchichea
sus fríos pormenores el viento a la hojarasca,
camino de un invierno sin surcos que labrar.

Las cumbres a lo lejos dibujan la silueta
del tímido horizonte, donde la luz callada
presagia el nacimiento del astro celestial.

El orto se sucede, y en oro y rosas besa
los rizos de las nubes que, desde mi ventana,
comienzan su caída a un ciclo sin final.



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MM
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El sauce blanco
















El sauce blanco



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Recorren ya mis botas, del alma azul el polvo
que en estas dos orillas, con verdes resplandores,
azuza cada sombra al paso de la vida.
Respiro entre las ramas el tácito horizonte
y el canto de un jilguero, que busca por la copa
la luz que permanece bajo el eterno acorde.

El sauce blanco tiene su piel encallecida
y bebe del silencio, tratando de olvidar:
- Nací de mis raíces, y a mis raíces voy,
y mientras que no llegue, yo sigo donde estoy...

El sol de media tarde su cuerpo empapa en fuego,
de cerca me parece la veste gris del bosque;
de lejos solitario, inmensamente solo,
señal de la profunda tragedia de los hombres
que puede solo vean así la libertad.




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MM
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viernes, 14 de noviembre de 2014

Sueños de otoño





















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La tímida caricia del tiempo, que se va

apenas sin rozarlo, ya lejos de mi puerta,

me trae la fragancia lejana de los bosques

y el húmedo recuerdo de aquella infancia eterna.

Perdido en la memoria el viento se acumula

y dice su susurro que, sobre mi corteza,

los años han pasado por luces y penumbras,

acaso como sueños de otoño en primavera.

A cada paso el cielo, con sus miradas grises,

descubre que la lluvia que pare la belleza

es más que aquel bullicio de chopos y molinos

que baña la llanura entre las hojas secas,

crujientes, seductoras, llenando los vacíos

con esa luz difusa y aleve de la niebla.

Perdido en la memoria, el prado se adormece

debajo de la escarcha que besa la ribera,

camino de las horas donde dejé marchitos

el verde tintineo de abril, y esa acuarela

de nítidos matices, intensos como el barro

que nace de las aguas, donde la paz espera

gritándole al silencio que ya no queda nada

para desvanecerse al tacto de la hierba.

Quizás otra mañana despierte con el firme

aliento de encontrarme, y darme a la demencia

total de regresarme de nuevo a lo perdido,

pero esta lo que toca es ver si, por mi huerta,

rebrotan ya las cosas, dejadas al olvido

del frío del invierno, o siguen bajo tierra

sin ánimo ni vida, como mi corazón

que sigue hacia adelante, pues es lo que le queda.



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MM
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jueves, 13 de noviembre de 2014

El río continúa













Imagen: río órbigo, en Seisón de la Vega, León, España










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El río continúa

lejano en la palabra, transparente,

con una voz que horada el frágil puente,

mientras que se gradúa

y talla imperceptible

su agua en lo intangible

de la historia, del hombre y de sus pasos

a poniente. La sombra

se espesa por detrás de aquella alfombra

de todos los fracasos,

que incrusta en la memoria

su ayer desvanecido,

celaje en los ocasos,

negándose la luz y el viejo ruido;

el pájaro, la noria

y el valle en que nacer bajo el olvido.

El río no me alcanza

y, sin embargo, bebo

de sus aguas amargas las arenas

que han hecho de mis venas

el sello de la sangre y la alïanza

bajo mi piel de acebo

en pulsos de floridas azucenas.

La noche es una orilla

de prados y certezas

sobre la oscuridad,

que se nutre en silencio

y por dentro vivencio

al vuelo, yo, polilla

que posa sobre sí la soledad

azul y las tristezas

lejos de esta ciudad

de ilusiones y sueños,

de quimeras y leños

ardiendo en vanidad.

Somos cuajos de agua

que brota en manantiales inconexos

y fluye hasta la fragua

candente, para darnos nuevos nexos

entre los hierros rojos,

del yunque de la vida

e irnos sin despojos;

ni la tenaz herida

abierta en el temor,

que se resiste a ser cicatrizada

camino de la nada,

donde solo persiste nuestro amor.


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MM
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