domingo, 28 de junio de 2015

Encaramado a ti

















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Encaramado a ti como a una roca,
como si el tiempo mismo hubiera muerto
y, muerto ya, cruzare aquel desierto
arena sobre arena, hasta la boca


del sueño en un oasis que convoca
al fuego, a la palmera, al dátil yerto
y al último navío de ese puerto
que arría su velamen cuando toca.


Divisarán tus ojos la morada
de los años que harán, a su momento,
epílogo de mí, sin más preámbulo.


Para dar nuestros restos a la nada
y todo lo demás, el sentimiento,
quizás a un porvenir en sí sonámbulo.



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M. Á. M. 



sábado, 27 de junio de 2015

Tratamientos paliativos















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La vida es una enfermedad sin cura

ni vacuna conocida.

Solo tiene tratamientos paliativos,

según el caso y el paciente:

una cucharadita de luz por la mañana,

unas píldoras de amor cada seis horas

(en administración oral o boca a boca)

y bálsamos de sentimiento al acostarse.

No debemos olvidar el dar unos masajes

cardíacos de vez en cuando, según la necesidad de cada uno.

Al fin y al cabo es ún músculo que trabaja

demasiado por nosotros cada día y cada noche

como para darle de lado

como hacemos con tanta frecuencia.

Y no dejemos nunca de soñar, cueste lo que cueste,

puede que esto sea lo único que nos libre de la muerte

cuando la tierra nos cubra con su manto.



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M. Á. M.

jueves, 25 de junio de 2015

El cauce
















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Mis ojos ya no ven las mismas cosas.
Lo blanco tiene un tono evanescente,
ambiguo, amarillento o gris; ausente
de luz o de matiz mientras, umbrosas


las lágrimas, descienden como losas
abiertas a un pasado indiferente
a todo lo vivido y lo presente
en aras de caer entre las rosas.


Y llegan a esa orilla, donde pasa
el cauce transparente y juguetón
del tiempo, a besar con levedad


sus aguas, que se van camino a casa
y dejan, tras de sí, en el corazón,
señales con sabor a eternidad.





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M. Á. M.





martes, 23 de junio de 2015

Despierto












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Despierto y desayuno en el silencio,

respiro como pájaro sin brillo

la bruma de un café por la mañana

y vuelvo a mi rutina manso, quedo,

a serme de la fronda, entre los pinos,

acícula que cae, voz, palabra

tormentosa, presente tras los flecos

de una lluvia ligera de verano;

apenas un suspiro de agua y barro

que nunca irrigará ninguna flor.



Despierto en la frontera gris del alma

que muda y se hace apóstata de mí

y emigra a la alambrada, al precipicio

a dar el salto y ser, por una vez,

en plena libertad y ver el fin

de todo esto: vida, muerte, nada;

tan solo un sueño más de luz que apaga

el pulso de la sangre en las arterias,

que el tiempo va cerrando sobre sí

a golpe de verdad y corazón.




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M.Á.M.












domingo, 21 de junio de 2015

Eras











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Eras edad y luz, y sangre y barro,
y fuego sobre el blanco de los ojos;
trinchera y firmamento de despojos
e historia que termina en un desgarro

de silencios espesos; de guijarro
y tormenta que doblan sus hinojos
al otoño, al revés, a los serojos
y al agua en tu derrame, roto el jarro.

Inútil como acento circunflejo
de luna que, marmóreo, sucumba 
apenas sin llegar de tilde a viejo.

Y, ahora, ni el gusano ni los huesos
sostienen el recuerdo de los besos
que diEras, corazón, hasta la tumba.



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M. Á. M.